
Por Rosario Puga.
Mientras los esfuerzos diplomáticos globales para contener la crisis en Siria continuaban en punto muerto, un equipo de monitores de la ONU encontró clara y gráfica evidencia de la matanza ocurrida en el asentamiento agricultor de Qubair, escena de la masacre de 78 civiles ocurrida el 6 de junio.300 monitores de la ONU llegaron al poblado acompañados por periodistas de BBC y de Sky. El corresponsal de la BBC dio testimonio de los rastros de la tragedia y de la evidencia de la operación de ocultamiento de la matanza por parte del ejército sirio. Esas muertes, más la masacre de más de 100 civiles en la ciudad de Houla, así como nuevos informes de violencia en varias ciudades del país, están conformando un escenario de guerra civil cuya dinámica se hace cada vez más compleja.
La representante especial de la ONU para la cuestión de los niños y los conflictos armados, Radhika Coomaraswamy,denuncio que observadores volvieron de Siria con reportes que hablan de las tropas gubernamentales torturando niños y utilizándolos como escudos humanos sobre tanques para impedir ataques de la fuerzas de oposición y de los insurgentes utilizándolos en la primera línea de combate. La funcionaria indico que sus equipos también recibieron testimonios y vieron niños que tenían huellas de tortura y que muchas de las víctimas de las matanzas son menores ejecutados sumariamente.
Kofi Annan negociador de la ONU y de la Liga Ärabe advirtió que la situación se“saldría de control”si no se tomaba una acción firme por parte de la comunidad internacional. Apeló a una nueva resolución de la ONU para amenazar con sanciones sobre el régimen sirio por no cumplir con su compromiso para implementar el plan de paz propuesto por el organismo. Sin embargo Rusia nuevamente indicó su negativa ya que no está dispuesta a nada que implique ponerle fin al gobierno de Assad y USA desconfía de la negociación porque a Annan le gustaría que Irán participar en el proceso.
El análisis de lo que está ocurriendo en Siria no es fácil pero lo que se sabe con certeza es que lo que comenzó como una serie de manifestaciones por parte de quienes pedían más libertades y democracia ha escalado hasta convertirse en una confrontación armada, que algunos anticipan como el inicio de una guerra civil. Lo que resulta particularmente dramático tomando en cuenta que el poder en manos de la familia Assad por más de 40 años representa la imposición de la minoría Alawi sobre la mayoría sunnie, que además conforma una mayoría musulmana que convive con una minoría cristiana.
Si bien el gobierno de Basar AL Assad se ha esforzado por fundar un estado secular el factor intra étnico va cobrando cada vez más importancia en el desarrollo del conflicto y esto significa no sólo más incertidumbre respecto al proceso político que debería poner fin a la confrontación también más vulneración de derechos sobre la población civil no combatiente.
El régimen señala a los alzados como terrorista a quienes ha reprimido con poderosas operaciones militares, que incluyen el avance sobre asentamientos civiles con infantería pesada. Por parte la insurgencia ha ido aumentando su capacidad de fuego y se agrupa en torno a una conducción militar que algunos analistas señalan se ha beneficiado por el ingreso de armas y de grupos mercenarios desde naciones vecinas en lo que sería una estrategia de países como Arabia Saudita que ven la posibilidad de extender su área de influencia en el país alentando a la conformación de milicias revolucionarias de corte musulmán. Las dificultades para el seguimiento del conflicto hacen difícil saber como se comportan estos elementos día a dia pero está claro que las matanzas de civiles se repiten con dramática frecuencia ante una comunidad internacional que no acierta a activar mecanismos de acción que influyan en el desarrollo de los hechos. A este complejo panorama hay que agregar la acción de grupos paramilitares afines al régimen que estarían actuando en las matanzas masivas.
De un lado está el ejército en defensa del gobierno de Bashar al Asad. Por el otro, los alzados, un grupo en su mayoría formado por ex militares congregados en el llamado Ejército Libre de Siria, quienes se proponen sacar a al Asad del poder. Y como tercera parte en la contienda aparece un grupo de hombres vestidos de negro y fuertemente armados, que parecen no conocer límites en el uso de la fuerza y la violencia: los shabiha.
En marzo de 2011 los shabihas acudieron en ayuda del presidente al Asad cuando Latakia y otros poblados cercanos se convirtieron en escenario de importantes protestas antigubernamentales. Según residentes de estas localidades, miembros de las bandas se unieron a la acción del ejército disparando desde vehículos y techos, incendiando casas de manifestantes y golpeando a sus ocupantes. Con la intensificación de la represión y la disidencia, el término shabiha se expadió. En toda Siria comenzó a usarse para hacer referencia a milicianos prorrégimen que actuaban aparentemente con total impunidad. A partir de entonces, los reportes sobre ataques de shabihas, uniformados o vestidos de civil, se han multiplicado por diferentes ciudades sirias. Las acusaciones incluyen acuchillamientos, degollamientos,ejecuciones a quemarropa,ataques con armas pesadas, quema de vehículos y viviendas y destrucción de edificaciones públicas, entre otras. Activistas dicen que su presencia ha permitido al gobierno negar cualquier participación en las acciones más brutales contra quienes se manifiestan en su contra. Portavoces del gobierno han rechazado el uso de estos milicianos para intensificar la ofensiva contra sus adversarios e insisten en que grupos criminales o terroristas han atacado a las fuerzas de seguridad, asesinado a civiles y destruyendo propiedades.
Esta defensa ha sido desechada por la comunidad internacional, que acusa al presidente al Asad de "subcontratar la represión". La acusación alcanza a la propia familia presidencial. En mayo, la UE impuso sanciones a los primos de al Asad, Fawwaz y Munzir, por participar en la "represión de la población civil como miembros de la shabiha". Sin embargo, según señala el corresponsal de la BBC"hay un sentimiento en Damasco, que comparten muchos diplomáticos y quienes se oponen al presidente al Asad, de que es posible que su régimen no tenga más el control directo de algunos de los grupos paramilitares a los que se acusa de masacrar a civiles".
El tiempo corre ,el conflicto se agrava y las matanzas de civiles se multiplican. Las evidencias de la responsabilidad de grupos paramilitares, pro régimen que estarían atacando población civil desarmada en prácticas que no hay que dudar de tildar de genocidas aumentan. Lo que ha llevado los analistas a señalar que Siria cada día se acerca de la experiencia de la guerra de los Balcanes y se aleja de la llamada primavera árabe.
Mientras tanto la comunidad internacional se muestra incompetente para activar mecanismo de negociación política. La pregunta que queda en el aire es si se terminara recurriendo a la intervención y cuanto tiempo más Rusia puede oponerse si no logra influir en Assad para sacar al país de la situación en que se encuentra.
La incertidumbre continua y la pérdida de vidas humanas se multiplican.
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