21 años de libertad

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Corridos, crónicas sonoras

19 de Febrero de 2013 -

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Y chingueasumadre la conquista y todas esas rolas invasoras y esas otras colonizadoras, que si bien eran cercanas al pasodoble de mamonas noblezas, allí quedaron varadas en su torpeza. Y por primera vez se le pone nombre a la entereza, no sin antes acabar con el brío del soberbio tirano, aquel que robaba con las dos manos y que quiso hacerse el lindo tocándole el acordeón a la nación y ni cuenta se dio cuando ya se le venía encima la pinche revolución. Y ya que cubrir distancias era santa estrategia con tal de aniquilar al usurpador, las divisiones del norte cantaron por todas las villas sus sonatas, de Zacatecas a las sierras huastecas y totonacas, acallando coloniales bravatas como preludio de libertaria comunión, mientras por el sur se venían las guitarras acompañando al mismito Zapata y así darles en la madre a los anquilosados putamadres que arrancaban como ratas ante tal tromba y canción. ¡Y pos que viva, chingadamadre, la revolución! Y ahí van maderistas, carrancistas, villistas, tras los bellacos porfiristas, tríos y cuartetos a quienes no les tiembla la mano a la hora de rasguear violines, guitarrones y Smith and Huesos, menos echar a volar guerreros vozarrones y con ellos apresar a decrépitos emperadores, a guardias pretorianos, a cobardes dictadores, y si ya la porfía arrancaba hacia las cimas serranas, toda una procesión de ratas tras una miserable serenata de sátrapas, una cabalgata de 30-30 por si las dudas y judas, se disponía ajusticiar a las hordas asesinas sin ninguna culpa, mucho menos empatía y, por cierto, con mucha dosis de valentía.

Y no se me corra, estéseme hay, con su anónima capacidad sonora, que, junto con machetes como guaripola, el alzamiento se transformó en bola y de ahí a la rola con sus épicas y epopeyas, que dieron sentido y rumbo a esa gran enciclopedia de tragedias, en donde y si bien las narraciones se volvieron canciones, no en vano tantas guerrilleras entonaciones despejaron el cielo de nubarrones, y nunca estuvieron exentas de los buenos, ricos y apasionados amores, ni tampoco del fornique masivo allí entre medio de los  arbustos y fugases fragores. Que a falta de condones buenas fueron las pasiones, si es cosa de preguntarle a las adelitas, y no le aunque algunas eran bien feitas, igual rompían corazones y eran partidarias de la justicia copular, antes que el mundo se fuera a acabar, y seguían en masa, a pie, sobre alazanes o como fuera a sus canchanchánes, en pos de tocarles el arpa sin empacho por cielo, por mar, por tierra y libertad a sus anchas, y los buques fueron buenos moteles y estratagema, que solamente servían, si es que los catres no cedían, para hacer el amor y no la guerra. Y como todo buen corrido siempre habrá un final, de lo bueno poco avizoraba aquel encharretado ufano de sus pistolones, como si fuese una señal, pues de allí perdió su brillo en manos del partido revolucionario institucional. Rip gritan los caudillos revolcándose en las heroicas tumbas y hemiciclos, sabedores que más vale morir fusilado o en un atentado, que de merolico, o de andar recibiendo migajas del cartel del Pan y sus aliados, esos dinosaurios que dan pena y vergüenza ajena y hasta los nietos los condenan por podridos y vendidos, entonces a estas alturas, más vale un narcocorrido que soportar a esa pinche manga y bola de corrompidos.

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